El mercado de trabajo al que nos abocamos es el Mercado del Conocimiento. ¿Estamos preparados/as?
Publicado por Joseba Egia, el 22/02/10.
Tendencias empleo 2010-2020
Se acaba de publicar el informe New skills for new jobs: action now.realizado por un grupo de personas expertas para la Comisión Europea, y en mi opinión revela datos que deben llevar a la preocupación (y por tanto a la ocupación) a las personas con responsabilidades en el desarrollo de ciudades, regiones y países y a quienes colaboramos de una u otra forma en este ámbito.
Hablamos muy a menudo de Sociedad de la Información y el Conocimiento, pero pocas veces nos paramos a reflexionar en los cambios sociales que esto supone. Al igual que la Revolución Industrial en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX y la urbanización que en Europa se produjo sobre todo en la primera mitad del siglo XX, asistimos ahora a esta nueva revolución, “la revolución del conocimiento”, que supone un cambio radical en el perfil de cualificación demandado por la nueva economía.
Este cambio, además de radical, tiene otra característica diferencial, que es su velocidad. Si se usa a menudo la comparativa tan gráfica del escaso período de tiempo que costó que en el mundo hubiera 100 personas usuarias de Facebook en relación al necesario para alcanzar las 100 millones de líneas telefónicas, el informe antes mencionado predice que la población ocupada de la UE con un perfil de alta cualificación deberá pasar en sólo 10 años del 29% al 35%, mientras que el de personas con baja cualificación pasará del 21% al 15%. Un cambio significativo.
Para hacer frente a este nuevo reto, deberemos afrontar un importantísimo esfuerzo en educación (donde los cambios son necesariamente más lentos) y formación (sistema por definición más flexible). Las recetas en el caso de la formación para el empleo son evidentes: mayor dedicación de tiempo a la formación continua (el diferencial español en relación a los países más avanzados de la UE es alarmante) y sistemas más flexibles y eficientes (píldoras formativas, mayor presencia de la formación on-line, …). En definitiva, como en muchos otros aspectos de nuestra economía, la necesidad de abordar un cambio estructural. Un cambio en el que sin duda las ciudades, las regiones y los países nos jugamos nuestra competitividad.
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