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Jueves, 23 de Febrero de 2012

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Las reglas de juego de la participación ciudadana
Publicado por Silvia Pérez, el 24/01/12.

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Internet ha hecho posible la democracia real. Se acabó el tiempo en que los gobiernos decidían al margen de las necesidades de la ciudadanía. Ahora, la población puede expresar su opinión sobre los temas que le afectan, influir en los procesos de decisión y guiar la acción de los gobiernos. Por ello, es necesario promover la participación de la ciudadanía en el diseño, ejecución y seguimiento de las políticas. Sin embargo, para que la participación sea real, efectiva y democrática, es preciso establecer las reglas de juego. Éstas son algunas de nuestras recomendaciones:

1. Un principio básico es la transparencia. Todo el mundo debe poder participar, y para ello se debe poder acceder a una información de base sobre la que poder formarse una opinión o ampliar conocimientos sobre la materia en cuestión, si necesario. Por ello, las administraciones públicas deben facilitar la llegada de dicha información a la ciudadanía de forma resumida y accesible, y en su versión completa para quien desee profundizar.

2. Otro principio es la accesibilidad y apertura desde dos vertientes; por un lado, los poderes públicos deberán acercarse a aquellos colectivos alejados de las nuevas tecnologías y, por otro, la accesibilidad también tiene que ver con el hecho de contar con un canal de comunicación a través del cual se puedan formular dudas, consultas o quejas.

3. También está la cuestión de la cooperación, una de las claves para la innovación social, y una constante demanda de la sociedad. La participación es mayor cuando el poder público que impulsa un proceso participativo se alía con el tejido asociativo municipal o sectorial, o con la red municipal, foral o regional, según el caso. Se consiguen grandes sinergias cuando se trabaja de forma colaborativa por un bien común.

4. Formular claramente el alcance de la participación es otra de las claves. La ciudadanía debe conocer de antemano para qué va a servir y hasta dónde llega el poder de su acción participativa. De lo contrario, se crean falsas expectativas que pueden acarrear desagradables consecuencias no previstas para quienes impulsan este tipo de procesos.

5. Creer de verdad en el valor de los procesos participativos implica poseer la valentía de afrontar las posibles críticas y dar una respuesta a las mismas. Precisamente por la desconfianza existente frente a la acción de los gobiernos, es el momento de la apertura y el acercamiento a la ciudadanía. Solo así se consigue generar confianza, estimular la participación y, con ello, mejorar la acción de las entidades públicas.

6. Por último, la devolución a la sociedad. Es una cuestión de respeto. Si se ha contrastado la opinión de la ciudadanía frente a determinadas cuestiones, es de justicia rendir cuentas. Se debe mostrar a la sociedad el valor añadido que aporta la participación a las políticas de las cuales son responsables. Es decir, en qué ha mejorado el proceso participativo el contenido de la ley, del programa, proyecto o plan.

Con todo ello las administraciones públicas saldrán reforzadas y legitimadas, la sociedad se empodera y se hace mayor de edad (se implica y responsabiliza), y ambas partes configuran un nuevo espacio de democracia participativa para el avance socioeconómico y de la calidad de vida de la sociedad.
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